Moverme me salvó
Moverme me salvó cuando no sabía qué decir
Moverme me salvó cuando no sabía qué decir
Este mes, más que prometer amor, quiero invitarte a cuidarte.
A escuchar tu cuerpo.
A moverte con presencia.
Porque el corazón que ama también necesita sostén.
Hubo un momento en mi vida en que no sabía qué decir.
No porque no tuviera pensamientos, sino porque mi cuerpo estaba cargando demasiado.
Había amor.
Había miedo.
Había decisiones que no podían postergarse.
Había personas que cuidar… y una versión de mí que seguía cumpliendo.
Desde afuera, todo parecía estar bien.
Por dentro, yo estaba en silencio.
No era tristeza clara.
No era enojo.
Era ese cansancio profundo que no se explica fácil, pero que se siente en los hombros, en el pecho, en la respiración corta.
No siempre supe cómo pedir ayuda.
No siempre tuve palabras para explicar lo que estaba viviendo.
Pero mi cuerpo sí sabía que necesitaba moverse.
No para cambiar cómo me veía.
No para “ser constante”.
No para cumplir con un plan de ejercicio.
Me moví porque quedarme quieta dolía más.
Hubo días en que caminar fue suficiente.
Otros en que pedalear me dio un ritmo cuando mi mente estaba acelerada.
Días en que respirar profundo fue el único acto de cuidado que pude ofrecerme.
Y poco a poco, sin darme cuenta, algo empezó a acomodarse.
No mi vida.
No mis circunstancias.
Yo.
Moverme me permitió sentir sin explicarme.
Llorar sin palabras.
Soltar tensión que no sabía cómo nombrar.
Entendí que el cuerpo también procesa el amor que pesa, el estrés que no se ve, las pérdidas que no siempre se cuentan.
A veces, antes de poder decirlo, hay que moverlo.
Hoy sé que no todo se sana hablando.
No todo se ordena pensando.
Hay momentos en los que el movimiento se vuelve refugio, sostén y lenguaje.
Moverme no me salvó porque resolviera todo.
Me salvó porque me acompañó cuando yo no sabía cómo hacerlo.
Si hoy estás en un lugar parecido…
si no sabes qué decir,
si te sientes fuerte pero agotada,
si tu cuerpo está pidiendo algo que tu mente no entiende todavía,
quiero que sepas esto:
No estás fallando.
No estás rota.
Tal vez solo necesitas volver a tu cuerpo con más suavidad.
Moverte no siempre es avanzar.
A veces, es la forma más honesta de quedarte contigo.